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Episodio 071985: el dinosaurio seguía ahí, pero desnudo

T2EP07
Milagros IA
Episodio 07. 1985: el dinosaurio seguía ahí, pero desnudo
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Escrito por Elba Chávez Vizuet

Una usuaria de la galaxia descarga Milagros IA atraída por una escena difícil de explicar: una ciudad capital herida que, entre el polvo, las sirenas y los escombros, encuentra formas de resonancia, respuestas de ayuda. Nadie se salva solo, estaba claro. A propósito del terremoto del 19 de septiembre de 1985, este episodio recorre las historias de rescatistas voluntarios, costureras organizadas y ciudadanos que transformaron la emergencia en una monumental acción colectiva. Mientras el suelo se abría bajo la Ciudad de México, otra grieta comenzaba a recorrer el país. Y cuando terminó el temblor, el dinosaurio seguía ahí… pero desnudo. En efecto, el crujido de un régimen era imposible de ocultar.

Sonido ambiente. Se enciende una máquina digital y escuchamos un sonido positivo de bienvenida.
Milagros. (Voz suave, cordial, alegre). Bienvenide, bienvenida, bienvenido, acabas de conectarte con Milagros, una Inteligencia Artificial generadora de esbozos narrativos. Estoy diseñada para ayudarte con tus inquietudes formativas.
Usuaria. ¡Ay Milagros! Justo necesito un buen milagro. Traigo algo dándome vueltas en la cabeza y no sé por dónde comenzar. ¿Cómo le hago para que me ayudes?
Milagros. Formula el prompt, y lo demás corre por mi cuenta. Podrás escuchar el relato justo para lo que necesitas desenredar.
Usuaria. Hace unos días me quedé viendo videos en TikTok y YouTube  sobre el terremoto de 1985. Edificios derrumbados, brigadas de rescate, personas que formaban cadenas humanas, vecinos que movían escombros con las manos…
Pero hubo algo que me sacó de onda. Varias voces repetían frases parecidas: (inflexiones populosas) “Nos dejaron solos.» «El gobierno no apareció.» «Nos organizamos entre nosotros.»
Y entonces me quedé inquieta con una pregunta: ¿cómo un terremoto de esa magnitud cambió la relación entre la sociedad mexicana y el poder?
Milagros. Generando una respuesta…
Usuaria. Oye, Milagros… ¿podría aparecer en el relato?
Sonido ambiente. Sonido sofisticado de entrada a una dimensión desconocida.
Narrador. 7:19 de la mañana del 19 de septiembre de 1985. Un terremoto de magnitud 8.1 sacudió el centro del país. La Ciudad de México despertó convertida en un escenario de polvo, sirenas e incertidumbre. Hubo más de 20,000 muertos.
En poco más de dos minutos colapsaron hospitales como el General y el Juárez, mientras que el Centro Médico sufrió daños severos. Cayeron edificios habitacionales como el Nuevo León, en Tlatelolco; el Morelos en la Doctores y el multifamiliar Juárez ubicado en la Roma. Oficinas públicas, como la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal…
Hoteles como Regis, el Continental Hilton y Del Prado… Fábricas y talleres textiles… Las instalaciones de Televisa Chapultepec. El Centro Histórico, La Merced, Tepito, Morelos, Guerreo y colonias aledañas de alta densidad poblacional.
El sismo destruyó por completo cerca de 30,000 viviendas y dejó daños graves en más de 60,000 lo que provocó que cerca de 250,000 personas perdieran su hogar de manera inmediata.
Nunca hubo una cuenta plenamente aceptada. Miles de personas quedaron atrapadas bajo los escombros.
Comentarista. Hay terremotos que derrumban edificios y abren grietas en la tierra. Y hay terremotos que derrumban explicaciones.
El de 1985 hizo ambas cosas. En unas cuantas horas, la imagen de un Estado fuerte, ordenado, capaz de controlarlo todo, quedó expuesta a la intemperie.
Usuaria. ¿Controlarlo todo? ¿Así se veía el régimen?
Analista. Durante décadas, el régimen priísta construyó una imagen de estabilidad. El presidente aparecía como la figura capaz de coordinar instituciones, repartir recursos, contener conflictos y conducir el desarrollo nacional.
Pero esa imagen ya tenía grietas. Tres años antes, la crisis de la deuda había sacudido la economía mexicana.
El dinero rendía cada vez menos. Los precios corrían más rápido que los salarios. Miles de familias veían estrecharse su horizonte cotidiano.
El desempleo crecía y las políticas de austeridad comenzaban a generar malestar social y reducían expectativas. También persistía la memoria de la represión política y de su tendencia a desconfiar de cualquier forma de organización que escapara a su control.
Entre las oficinas donde se decidía y las calles donde se vivía, la distancia llevaba años creciendo.
El terremoto no golpeó a un régimen intacto, golpeó a un dinosaurio todavía enorme y fuerte, sí, pero cada vez menos convincente. Y aquella mañana, cuando la ciudad despertó, el dinosaurio seguía ahí, sólo que desnudo.
Sonido ambiente. Sirenas lejanas, aumentan los radios, pasos, murmullos.
Narrador. Las primeras horas fueron confusas. Las líneas telefónicas colapsaron. Había información contradictoria y los daños resultaban difíciles de dimensionar.
Junto a las escenas terribles de destrucción también surgieron hazañas anónimas: individuos y multitudes que improvisaron herramientas, cuerdas, listas, camillas, cocinas comunitarias y centros de acopio.
La cooperación internacional llegó. Los primeros auxilios llegaron muchas veces de quienes estaban al lado. Y, al mismo tiempo, los límites de la burocracia quedaron expuestos en una respuesta insuficiente frente a la magnitud de la emergencia.
Usuaria. Entonces el problema no fue solamente el terremoto.
Analista. No. La catástrofe natural se convirtió rápidamente en una crisis política.
Porque muchos mexicanos experimentaron algo desconcertante durante esas horas: Los hospitales pedían ayuda… Los familiares buscaban nombres… Los vecinos preguntaban a dónde podían llevar víveres… Los rescatistas improvisados pedían herramientas… Pero las respuestas llegaban tarde, a cuenta gotas o definitivamente ni siquiera hacían eco y no llegaron nunca.
Comentarista. La ciudad gritaba de dolor pero nadie la escuchaba ni le respondía. Las autoridades respondían desde otra temporalidad, tarde, poco o mal. Mientras bajo los escombros alguien podía sobrevivir unas horas más, la lógica burocrática seguía esperando autorizaciones, procedimientos y cadenas de mando.
La magnitud de la emergencia y la velocidad con que debía de responder el gobierno, fueron incompatibles, fue clara la descoordinación
Usuaria. Como si la ciudad estuviera viviendo una realidad y el gobierno otra.
Analista. Así es. Aquella mañana el dinosaurio no desapareció del mapa. Conservó edificios públicos, oficinas, funcionarios, recursos y autoridad. Pero algo crujió…
Por años, muchos mexicanos habían esperado que la respuesta llegara desde arriba. Esta vez esperaron durante horas. Nadie respondió de inmediato.
Comentarista. Antes de que llegaran las ayudas oficiales, comenzaron a formarse brigadas espontáneas. Así vecinos, estudiantes, médicos, trabajadores o incluso familias enteras. Personas que no se conocían entre sí empezaron a coordinarse para remover escombros, transportar víveres, localizar desaparecidos y atender heridos.
En esas jornadas surgieron los rescatistas voluntarios que más tarde serían conocidos como “Los Topos”. Adoptaron ese nombre, en alusión a los animales. Se metían entre huecos inestables guiados por algo muy simple: escuchar.
Un golpe. Una respiración. Un llanto. Un sollozo. Cualquier señal de vida les bastaba para seguir buscando.
Eran manos que removían escombros y oídos atentos a aquello que todavía podía responder desde abajo.
Narrador: Algunas escenas se resistieron a desaparecer: Las cadenas humanas, las listas escritas a mano, los centros de acopio improvisados… La organización estaba en esquinas, escuelas, parroquias, vecindades y centros de trabajo.
Usuaria. ¿Y qué cambió?
Analista. En medio del desastre ocurrió algo inusual. Lo que hacían cambiaba algo: Una cadena humana movía piedras. Una cocina improvisada alimentaba brigadas. Una lista escrita a mano reunía nombres de desaparecidos y sobrevivientes.
Alguien pedía ayuda y alguien respondía. Alguien buscaba un nombre y alguien más lo escribía. Alguien seguía atrapado y alguien seguía escuchando.
La angustia movilizaba tareas colectivas y la incertidumbre encauzaba una dirección. Por unos días, la ciudad encontró una forma inesperada de comunidad.
Comentarista. Aquella forma inesperada de comunidad también tuvo rostro de mujer. Entre sirenas, rescatistas y escombros, otra realidad empezaba a ocupar un lugar difícil de ignorar. La de las costureras.
Bajo la superficie del centro de la ciudad operaban talleres textiles donde las jornadas eran extensas, los salarios apenas alcanzaban y la seguridad era deficiente.
Y muchas trabajadoras carecían de contratos formales o prestaciones laborales. Cuando varios edificios colapsaron, cientos de costureras quedaron atrapadas.
Usuaria. Entonces los escombros revelaron algo que pasaba desde hace años.
Analista. Justamente, la tragedia abrió los muros de los talleres que funcionaban en la sombra. Lo que ocurría a puertas cerradas quedó a la vista de toda la ciudad. Jornadas interminables. Salarios bajos. Condiciones inseguras.
Un grupo importante de sobrevivientes decidió organizarse: exigieron indemnizaciones, demandaron reconocimiento laboral, denunciaron los distintos abusos y participaron en la construcción de organizaciones que defendieran sus derechos.
Durante años habían cosido para otros, ahora empezaban a tejer sus propias formas de defensa.
Comentarista. Los escombros mostraron relaciones sociales rotas desde antes: desigualdad, informalidad, desprotección laboral y una economía urbana sostenida por cuerpos invisibles que formaban parte de la vida cotidiana.
Usuaria. Pero si todo eso existía antes, ¿por qué he escuchado que en 1985 nació la sociedad civil? ¿Así fue?
Analista. Esa declaración tiene algo de verdad, aunque conviene matizarla. La sociedad civil no nació en 1985. Las brigadas de rescate fueron visibles por primera vez para millones de personas, pero esas capacidades organizativas que aparecieron ante la crisis provocada por el sismo tenían una historia previa.
Fue en los años sesenta y setenta cuando nacieron movimientos estudiantiles, organizaciones vecinales, comunidades eclesiales de base, sindicatos independientes y diversas expresiones de oposición política que aprendieron a coordinarse en contextos frecuentemente desfavorables.
Incluso algunos militantes que habían participado en movimientos radicales de los años setenta terminaron incorporándose a organizaciones sociales y comunitarias. Cuando ocurrió el sismo, esas experiencias acumuladas fueron las que proporcionaron conocimientos, liderazgos y redes de confianza que facilitaron esa acción colectiva.
Comentarista. La solidaridad visible en las calles no nació aquella mañana. Lo que ocurrió es que una capacidad organizativa construida durante años encontró una circunstancia extraordinaria para hacerse visible.
La crisis del temblor funcionó como una especie de reflector, iluminó prácticas y recursos organizativos que se habían acumulado por décadas en los márgenes del régimen priísta.
Narrador. Con el paso de los meses, la emergencia inmediata terminó. La reconstrucción tomaba su curso y la ciudad siguió adelante. Pero ya no era la misma sociedad…
Analista. El terremoto abrió una grieta que trascendía los edificios. El régimen cultivó la idea de un poder ilimitado capaz de coordinar, conducir y resolver los problemas nacionales. Después de 1985, esa idea resultó mucho más difícil de sostener.
El PRI no cayó en 1985. El dinosaurio siguió ahí. Conservó instituciones, recursos, símbolos y poder. Pero ya no pudo cubrir por completo sus fallas.
Comentarista. A partir de entonces crecieron las organizaciones ciudadanas y aumentó la crítica pública. Se fortalecieron nuevas formas de participación.
Usuaria. Entonces el terremoto no sólo movió la tierra, también movió la relación entre la sociedad y el poder.
Analista. Así es. Entre el polvo, el miedo y la incertidumbre quedaron a la vista dos realidades simultáneas: los límites del Estado y la capacidad de organización de una sociedad que no esperó permiso para actuar.
Comentarista. Tal vez esa sea una de las lecciones más profundas de 1985. Por eso el 19 de septiembre de 1985 sigue presente. No sólo por la magnitud de la tragedia, sino porque fue uno de esos momentos excepcionales en los que una sociedad logró verse a sí misma con otros ojos.
Cuando las instituciones ya no alcanzaron a cumplir sus propósitos, la organización colectiva, fue la que sostuvo a la ciudad.
Sonido ambiente. Transition sound to a happy and cordial dimension.
Milagros. Acabas de escuchar: Milagros. IA de esbozos narrativos. Un pódcast de investigación sociológica. Temporada dos, episodio siete. 1985: el dinosaurio seguía ahí, pero desnudo. Escrito por Elba Chávez Vizuet. Asesoría de guion: Fernando Beltrán Nieves. Postproducción: Diego Valdez.
Milagros. IA de esbozos narrativos es un proyecto de investigación asesorado por Daniel Hernández Gutiérrez. Producido por el Departamento de Estudios Culturales de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, en colaboración con el Programa de Maestría de Estudios Políticos y Sociales de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM.
En el marco del Programa de Estancias Posdoctorales por México, de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Producción 2026.
Sonido ambiente. Escuchamos un extracto de la composición (Estilo romántica): “Milagros, IA de esbozos narrativos” / 10 segundos aprox. De más a menos, desvanecimiento.

Monsiváis, C. (1986). “El día del derrumbe y las semanas de la comunidad. (De noticieros y de crónicas)”. Cuadernos Políticos, núm. 45, pp. 11-24.
de Lara, M.C. (Directora). (1986). No les pedimos un viaje a la luna. [Documental]. Colectivo Cine Mujer.
Rosa, H. (2016). Alienación y aceleración. Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. Buenos Aires, Katz Ediciones.

Para citar este episodio

Chávez Vizuet, Elba. 21 octubre, 2026. Episodio 07. 1985: el dinosaurio seguía ahí, pero desnudo. Milagros IA. URL: https://milagrosia.com/?p=588 [Consultado el 22/10/2026].

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